Editorial

Editorial: El árbol y el bosque.

EL ARBOL Y EL BOSQUE.

Análisis sobre la semana que pasó. 

Que el árbol no tape el bosque es una frase tan común y trillada que comenzar una nota con esta máxima parece, por lo menos, vulgar. No obstante, lo cierto es que no existe reduccionismo que logre simplificar de mejor manera la semana política que acabamos de dejar atrás.

El árbol:
El pasado lunes, el Boletín oficial de la República Argentina publicó la Resolución 598/19, mediante la cual el Ministerio de Seguridad de la Nación creó el “Servicio Cívico Voluntario”. Un dispositivo a cargo de la Gendarmería Nacional que busca “adoctrinar” a jóvenes de entre 16 y 20 años, para ser incorporados y empapados de “valores republicanos y democráticos”.
Esto generó una polémica generalizada, tan banal como oportuna para el oficialismo, en tanto no resulta más que un absurdo de magnitudes siderales que expresa no solo el fracaso de la educación nacional, sino también del conjunto de agencias no represivas encargadas de la contención de esta franja etaria.
Para ser claros y explícitos con este tema, del que no merece mayor análisis, si bien reivindicamos la idea de que el sistema democrático argentino tiene pendiente la reconstrucción de los lazos institucionales entre las fuerzas de seguridad y el conjunto de la población, lo cierto es que todo parece indicar que, entre la creciente ola de pobreza (35% según el reciente informe del Observatorio de la UCA), de desempleo (que ya alcanzó los dos dígitos) y la hiperinflación (más del 50% interanual), la creación de un dispositivo de contención de la juventud a cargo de una fuerza intermedia (entre lo policial y lo militar) debe ser ubicado más como un “bluff” electoralista que como una pretendida y repensada recomposición de valores sociales.
La democracia se construye desde el afianzamiento de las agencias encargadas de crear y empoderar derechos y no desde aquellas encargadas de cuidarlos a partir del uso de la fuerza.
La cosa bien hubiera terminado allí, con el debate de siempre entre los voceros periodísticos del gobierno y los funcionales intelectuales, ávidos de velocidad para situarse frente a la cámara pero un tanto lentos para el análisis de la coyuntura. Pero no. El macrismo es una caja de sorpresas.

El bosque:
En esta misma semana, en el marco del vigésimo quinto aniversario del atentado a la AMIA, mediante el decreto 489/19, el Presidente Macri creó el  “Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de terrorismo y su financiamiento”, que tiene como objeto “brindar acceso e intercambio de información sobre personas humanas, jurídicas y entidades vinculadas a actos de terrorismo y/o su financiamiento y facilitar la cooperación doméstica e internacional para prevenir, combatir y erradicar el terrorismo y su financiamiento”.
En ese mismo decreto, el presidente ordena a la UIF (Unidad de Información Financiera) a congelar los fondos de todas las personas jurídicas, físicas y entidades vinculadas al terrorismo. Lo que finalmente ocurrió con los activos de Hezbollah, organización política y paramilitar vinculada a la voladura de la AMIA, poniendo a la Argentina bajo el paradigma norteamericano-israelí de la lucha antiterrorista que tiene en mira a Iran, Libia y otros países de la Liga árabe.
Este, sin dudas, es el “vuelto” que el gobierno de Donald Trump se cobra por el aval que le prestó a la Argentina para que el FMI desembolse los dólares necesarios y evitar así una nueva disparada de la moneda extranjera antes de las elecciones.
No obstante, esta situación vuelve a exponer a nuestro país a un juego de persecuciones internacionales, con riesgo de sangre, tal como en los años 90, donde la Argentina –al igual que en dicha época- no está preparada ni en términos de inteligencia, ni de prevención ni en términos armamentísticos para hacer frente a tamaña jugada.
Para ser concretos, esta decisión del ejecutivo deja de lado la histórica neutralidad argentina sobre una disputa territorial que le excede y de la cual solo supo obtener víctimas inocentes, tal como sucedió con la referida AMIA en 1994 y la Embajada de Israel en 1992.
La posición argentina sobre cuestión AMIA debe ser considerada una política de Estado, tal como Malvinas, donde sectores del ahora oficialismo y la oposición deberían ponerse de acuerdo para elegir definitivamente una posición geopolítica que no esté ligada a intereses de turno y no se mueva de manera pendular como en estos últimos diez años.
El riesgo del ajedrez mundial es convertirse en peón de una guerra que no nos pertenece, como sucediera en el Golfo Pérsico en 1990-1991, lo que de ninguna manera significa renunciar al histórico y legítimo reclamo de justicia de familiares y amigos de las víctimas de los atentados terroristas más terribles de la historia nacional.

Asimismo, no escapa a nuestra manera de ver las cosas, la imperiosa necesidad de que la ciudadanía en su conjunto, y fundamentalmente sus representantes en un sentido transversal, avancen hacia una discusión que reconozca las amenazas a la seguridad nacional y la necesidad de orientar políticas de protección de nuestros recursos naturales (agua dulce, petróleo, sheil, gas natural, litio, etc) siendo este el verdadero horizonte a apuntar en términos de gobierno. En este sentido, pensando geopolíticamente, se puede advertir que la mayoría de las potencias mundiales establecen en dichos intereses su desarrollo militar y de inteligencia, el que no solo contempla el resguardo interior sino la posibilidad a futuro de avanzar fuera de sus fronteras. Comprender la urgencia y establecer prioridades en seguridad nacional, en razón a la protección de las verdaderas amenazas debería constituir una de las tareas primordiales de aquí a lo que viene -aprovechamos la oportunidad para destacar lo que menciona Atilio Borón en su libro “América Latina en la Geopolítica del Imperialismo” sobre documentos de agencias de inteligencia norteamericanas que advierten la ubicación estratégica de la Argentina en potenciales conflictos que podrían surgir por recursos escasos-. 

El "árbol" de la Gendarmería Nacional quiso tapar la complejidad de las decisiones del ejecutivo. Pero bueno, nosotros pedimos que el árbol no tape el bosque.