Editorial

La política y sus posibilidades. Por Ariel Larroude

Una nota de opinión sobre la coyuntura política, económica y judicial. 

La primera quincena de marzo sacudió por completo el espectro político, económico y judicial de nuestro país. Un presidente a los gritos frente al Congreso de la Nación haciendo defensa de una gestión que ha fracasado y que no acierta una sola medida ante una realidad compleja e inimaginable allá por 2015, un dólar inalcanzable (el más caro de la historia), el destape de una red de espionaje al servicio de intereses espurios que altera (y aterra) a todo el mundillo político y judicial, y una exmandataria que ya da indicios de no querer jugar en las próximas elecciones. Todo esto, en solo quince días.

Si hay algo que quedó claro en la apertura de sesiones extraordinarias del primero de marzo, fue que Cambiemos está en serio riesgo de no reelegir. La debacle económica de magnitudes siderales que asola al gobierno macrista es la que pone en jaque no solo la posibilidad de perder las elecciones sino, además, la chance de no ocupar el segundo lugar en octubre, pese a contar con todo el aparato estatal a su favor. 

Hay que decirlo: falló el plan económico que buscó trasladar a la sociedad los gastos de los servicios públicos pensando que de esa manera se mejoraría su calidad, se reduciría la inflación y el dólar a partir de una disminución en la demanda. Por lo que mantener dicho plan no solo habla de una reducida cintura política sino de la posibilidad real de estar frente a un aparato estatal que jamás pensó en ocupar tan rápido el poder y que hoy gestiona para llegar a octubre de la mano de Clarín y del Fondo Monetario Internacional. La pesada herencia, en términos macroeconómicos (índices tolerables de desocupación, dólar controlable, salarios por encima de la inflación), es la otra pata que mantiene en pie al gobierno. 

Ramos Padilla es para la oposición lo que Nisman hubiese sido para el actual gobierno antes de su suicidio. La diferencia está en la cantidad de pruebas y elementos expuestos ante la opinión pública que dan pie para creer que existe una mínima posibilidad de estar frente a un Juez probo y con agallas para dar pelea al poder oscuro que ronda con libertad la justicia nacional. 

Lo que sí llama la atención es el poco interés del gobierno por afianzar al Juez que desnudó la trama de complicidades y redes de espionaje paralegal. Ello, en tanto el imputado más conocido de la causa dejaba en claro en cada conversación que actuaba en nombre y en representación de personas ligadas al oficialismo. Todo ello para la puesta en marcha de favores y devoluciones de gentilezas, negocios y vaya a saber qué otra cosa más. Por eso es llamativo que, ante esto, no sea el mismo oficialismo quien active la investigación y, por el contrario, sea el que busque a través de Mahiques (Garavano) en el Consejo de la Magistratura su juicio político.

Cristina Fernández dio el primer indicio de algo que se viene rumoreando. La posibilidad de que no se presente a las elecciones presidenciales resulta una de las alternativas que puede posicionar al Partido Justicialista con ventaja frente a toda alternativa que intente competir en octubre. Lo que no debe ser entendido como un eventual triunfo del anti-kirchnerismo sino la posibilidad de entender de una buena vez a la política por fuera de las personalidades y dentro de los termómetros de la época. 

La coyuntura de hoy obliga al peronismo a repensar el escenario político para no repetir la derrota del 2015. Esto no quiere decir que el PJ vaya a encolumnarse detrás de cualquier candidato por el solo hecho de armar un frente electoral. La experiencia de otro De la Rúa puede ser aún más cara que una reelección del oficialismo. 

Massa, siempre que deje de lado su idea de presidente inevitable por su juventud y anhele poder real, puede ser el vértice en donde se encuentre una oposición que necesita juntarse y replantearse un modelo de país ligado a los intereses nacionales. Una alternativa no deseada, pero latente, puede ser la aparición de actores por fuera de la política tradicional, quienes empujados por un viento de cola televisivo aprovechen su popularidad para una batalla complicada sin las espaldas para resistir carpetas y chimentos. La política es un poco más violenta que un corte de polleras por dos puntos más de rating. 

El máximo escollo de cara a octubre será una vez más la batalla mediática y cultural, aquella que perdimos todos y la que solo ganaron algunos. El desafío es renovar las figuras si lo que se pretende es reencausar al país, lo que no quiere decir dejar atrás las banderas y conquistas obtenidas que son los escalones donde la transformación del país debe apoyarse.