Entrevistas

"Fórum shopping" Una charla sobre el poder y los vicios del derecho, de cual nadie está exento.

Nota hecha por Ariel Larroude y Manuel Campolongo.

A. Larroude: -Pablo, contanos un poco de vos, ¿Cómo fue tu paso por la Justicia Federal y qué te llevó a escribir este libro?

P. Slonimsqui: -Yo, me imagino, como mucha gente, empecé a estudiar derecho, no quiero decir sin convicción, pero quiero decir sin la pasión por la materia, pasión que después tampoco nunca adquirí. Para mí nunca dejó de ser un trabajo. Si yo tengo un rato libre, veo novelas policiales y la fascinación que tengo yo es por el origen del universo, o por mi vecina de enfrente, no por problemas centrales del derecho. Empecé a trabajar en tribunales, tuve siempre jefes con mucho sentido de la relación con los empleados, que no es lo que abunda. En Tribunales en muchos lugares te maltratan, hay mucha gente que trabaja en ambientes que son muy asfixiantes, con una sobrecarga de responsabilidad, a mí, eso no me pasó nunca.
Después, tuve suerte, porque en una época, en la cual para ascender en Tribunales, pasaba entre cargo y cargo 2 o 3 años, yo estuve dos años trabajando como meritorio y después de vivir toda esa lentitud para progresar en la carrera, que es bastante, que te quita las ganas, bastante desmotivante, justo cambió el Código, se crearon los tribunales orales, se crearon nuevos juzgados federales y los ascensos se multiplicaron y se hicieron mucho más rápidos.
Antes para pasar de un cargo a otro estabas dos años, acá dos meses. Y aproveché, estuve en ese momento. Todo lo que me costó de entrada, después se hizo más fácil al final. Después me nombraron secretario, el cargo de secretario es un cargo muy especial, porque para mí, en un punto es algo más fácil porque no tenés trabajo pesado, es un cargo para pensar, si dispones de un buen equipo. Si no tenés un buen equipo se convierte en una pesadilla. Posterior a eso a mí me ofrecieron trabajo estudios jurídicos que estaban pasando un buen momento, me fui, y si bien la materia que se trabaja es la misma, es otra mirada que tiene ingredientes muy diferentes. Ahora sos dueño de tu tiempo, sos dueño de los casos que elegís, como abogado, no tenés trabas. El que trabajó en un juzgado me va a entender, no tenés detenidos a tu cargo, no tenés empleados a tu cargo, no tenés NNs en los expedientes, los casos que tomás los agarrás porque te los pagan o porque te gustan, pero no tenés casos... y ahí estoy. A mí me gustaba trabajar en Tribunales, lo que pasa que la justicia federal también desmoralizaba, por los jueces que había. No solo es culpa de los jueces, pero te das cuenta que ahí no vas a ningún lado. No solo no se meten con el poder sino que no tienen posibilidades de meterse con el poder, pegan duro a la gente más vulnerable, el que tiene -me parece a mí- honestidad intelectual se tiene que dar cuenta.

A. Larroude: -Parte de esto último que nos contás, es lo que a vos te impulsa, de alguna forma… esa visión crítica del sistema judicial, más allá de las cuestiones de marginalidad y de la selectividad del sistema, pero, ¿ese trabajo judicial es el que te lleva a vos a empezar a meterte o investigar, a profundizar cómo es el teje y maneje interno, o fue otra inquietud?

P. Slonimsqui: -Lo que me pasó fue esto. Cuando me fui de Tribunales, empecé como abogado, me pareció que era como ser meritorio de nuevo, dije“vos te tenés que destacar en algo y vos tenés que ofrecerle a un eventual cliente o a un colega para que a vos te recomiende alguna cosa que te distinga del resto”. Vos pensá que somos 40.000 abogados. Hay tipos que tienen cosas para ofrecer que son ilegales o inmorales y yo en esa no me prendo, pero no se me escapa que en un mercado competitivo, vos te tenés que destacar por algo. Primero escribí cinco trabajos que hice sobre la ley anti discriminatoria. Cuando estudiás un tema aprendes un montón, porque más allá de lo que escribas, son textos leídos, son fallos buscados, eso te da cierto nombre, incluso te da nombres exagerados porque muy poca gente capaz que lee el libro, pero cuando escribiste un libro ya pasas a ser un referente, un autor, una cosa medio zonza, pero es así. Con la ley anti discriminatoria lo elegí, me fue bien, con los dos temas que elegí, tuve -me parece- la picardía de elegir temas vírgenes. Mi primer libro fue el primero sobre la ley anti discriminatoria en la Argentina, entonces, me convertí en el referente del tema, y en esa época me consultaban mucho desde los diarios, en los programas de televisión, los noticieros. Cuando escribís el noveno libro sobre administración fraudulenta… no podes aspirar a protagonismos de ese tipo. Ahí me parece que tuve otra visión.
Uno empieza a revisar los tachos de basura de los Tribunales y es medio vergonzoso pero es así, los casos que yo encontré no son casos extraordinarios, no son rarezas, es una cosa de todos los días, es muy penoso. Hoy para un estudiante o para un abogado recién recibido es mucho más útil tener esta información, datos personales sobre las personas que resuelven y no sobre la ley. Antes uno para prepararse evidentemente tenía que leer los boletines de jurisprudencia, leer a los autores tradicionales, leer los trabajos de los compañeros y ahora todo eso no sirve para nada, por lo menos en los grandes temas es un material secundario. Es mucho más útil conocer una información que te asemeja más a un agente de inteligencia que a un abogado. El juez tiene un tema, quién lo eligió al juez, como está con el gobierno, quién es el diputado…

A. Larroude: -¿Y eso fue lo que de alguna forma a vos te llevó o te inspiró a haber hecho este libro? Digo, porque vos profundizás sobre lo que pasa internamente en los juzgados, no solamente sobre el fallo judicial.

P. Slonimsqui: -Vos cuando hablas de fórum shopping estás hablando conceptualmente de una maniobra que tiene que ver con burlar las leyes del azar. Después lo que hice yo, fue tratar de abordar todos los espacios de manipulación que hay en Tribunales. Los espacios de manipulación van desde la actividad de los jueces, los fiscales, los abogados, los peritos, el consejo de magistratura, los servicios de inteligencia, los periodistas. Tenés desde la incidencia de un Presidente en una maniobra para destituir a un juez, al entramado de la familia judicial y como todos los jueces nombran a sus parientes en los Tribunales, todo el proceso cuasi mafioso que hay en el concejo de la magistratura, donde para llegar a ser juez tenés que pasar por una estadio de conspiración permanente para después ya, sobre el final, empezar a buscar un padrino, empezar a desearle el mal al otro, tener pesadillas a la noche porque soñás que todo el mundo está haciendo cosas para que a vos te vaya mal, y toda una psicosis así. Y, digamos, no es mi tema pero tiene mucho que ver con las clases sociales y con lo que uno integra. A mí me interesa que el Poder Judicial se conforme de gente más popular, más democrática, y no de una élite que se va reproduciendo a sí misma y va expulsando a toda la gente que es crítica y a toda la gente que no tiene padrino político o no tiene el carnet del Jockey Club.

A. Larroude: -Y vos, en esta experiencia, a partir del libro, ¿sentís que, por tus mismos colegas, fuiste mirado con recelo, con aceptación?¿te llegó alguna crítica, alguna recriminación, o alguna felicitación?

P. Slonimsqui: -No. Me alegró que mucha gente comprara el libro sin que yo la coaccionara. Me sorprendió mucho, muy gratamente, que dentro de nuestro ambiente haya compradores espontáneos. En Tribunales me parece que todos en la justicia federal, todos los jueces saben que integran una generación que fracasó. No hay nadie que esté orgulloso de la tarea hecha por el colectivo de la justicia federal… ni el más optimista de ellos. Y, mientras vos te refieras genéricamente, sin hacer alguna aclaración puntual, está todo bien. Yo, de hecho, el libro, salvo un par de jueces con los cuales no tengo trato, se lo regalé a todos los jueces… me invitaron a tomar un café, me mandaron mensajes cariñosos. Tengo la mejor. Alguno por ahí te mira y te dice "¿No tenés miedo?" y la verdad que no. También lo que es cierto es que el libro no tiene ni chismes ni tradición oral… el libro está hecho solo a base de fallos o informaciones periodísticas serias y plurales. Aparte me pasó una cosa muy curiosa, que si la hubiera planeado no hubiera salido, y es que sale el libro sobre manipulación judicial y Bonadío da a conocer las primeras medidas públicas en la causa de los cuadernos. Eso hizo que el libro se viera con otros ojos, tuviera otra difusión. Digamos, en los últimos diez años "Fórum Shopping" se habrá dicho dos veces en televisión, y desde que Bonadío empezó con esta causa, es una expresión que se utiliza quinientas veces por día. Parecía soñado por un agente publicitario. Y bueno… incluso me potenció posibilidad de trabajo, me hicieron convocatorias concretas a partir de lo que había puesto de libro. A mí me fue bien.

A. Larroude: -Básicamente, en el libro, vos lo que manifestás es que hay formas sutiles o brutales de lograr que intervenga un juez. En base a lo que abordas en el liibro e invitando a la gente para que lo lea, ¿Cuál de todas las experiencias te pareció la más sutil de todas, la más inteligente para acceder a un magistrado, y cuál te pareció la más brutal, la más grotesca y evidente?

P. Slonimsqui: -Entre que vos mandas el libro a la editorial y sale, pasan seis meses aproximadamente. En esos seis meses hubo montones de casos que a mí me hubiera gustado incorporar. Detuvieron a un juez de La Plata por integrar a una banda de ladrones, condenaron a un ministro de gobierno de San Luis porque cuando nombraban jueces los hacían firmar una renuncia en blanco para tenerlos coaccionados, llamaron a declarar a un agente de inteligencia y a un abogado por diseñar una maniobra para recusar a Casanello en la causa de los cuadernos K. Ahora están indagando a un juez de Corrientes que se llama Soto Dávila por una maniobra que tiene muchos condimentos de fórum shopping, que tiene que ver con la protección. Hubo para mí toda una suerte de evolución por degradación, ¿por qué? Yo había buscado todos los casos donde había, por lo menos, una inteligencia, una arquitectura al servicio del mal, tipos que habían diseñado una trapisonda, habían puesto esmero, habían puesto un diseño y después vino Bonadío con la sutileza de un camión recolector de basura y dijo "Yo me quedo con esta causa y se acabó el asunto", entonces, a eso me refiero con una evolución por degradación. Ya no hacen falta maniobras muy trabajadas, no hace falta engañar a la gente, no hace falta nada. Vos vas y te quedas con una causa. En los lugares civilizados ningún juez elige con qué casos va a trabajar así como nadie elige quien es el juez para su caso. Así que, si tuviera que elegir la más grosera, para mí es esta de Bonadío apropiándose de la causa de los cuadernos, invocando de un modo muy difuso y muy opinable la aplicación de reglas de conexidad, de un modo que me parece que no se puede aceptar. Y la más sutil... tengo un problema con eso porque yo no tengo una opinión positiva, no valoro la inteligencia al servicio del mal, entonces me costaría hacer un reconocimiento así, pero ya te voy a decir alguna. Tengo que repasar, pero alguna maniobra así que vos digas "De pie".

A. Larroude: -Bueno, quizás con la pregunta que viene te surge más o aflora esa respuesta. Uno lee a Foucault, por ejemplo, en Defender la sociedad y dice que, básicamente, el derecho es la continuidad o el resultado reglamentado de la guerra. Es decir, hay enfrentamiento, hay condiciones de dominación y el derecho es quien reglamenta de alguna forma esas mismas condiciones. Entonces, la pregunta que me hago es... si en la guerra vale todo y el derecho es la continuación de esas reglas de la guerra, ¿vale todo también en el derecho?

P. Slonimsqui: -No, claramente no. Lo que pasa es que en general hay que controlar a los abogados. Nosotros tenemos otro problema, y es que no solo hay que controlar a los abogados, sino que también hay que controlar a los fiscales y a los jueces y no hay ordenamiento o no hay diseño procesal que resista funcionarios probos. Vos podes tener el mejor código, el mejor plan para trabajar, pero si los operadores de sistemas no están preparados o son corruptos o lo que fuere, la mejor intención se va al tacho. Claramente no vale todo, pero el encargado de hacer valer esa regla no tiene que ser nunca una persona involucrada. A la única persona que vos no le podes ir a pedir me parece es al diputado, que va a hacer lo que mejor le parezca para salir de una situación incómoda donde está, y al abogado, más en situaciones de anomia, donde hay un incumplimiento masivo de reglas y en donde el abogado sabe que todos sus colegas están dispuestos a hacer cualquier cosa para quedarse con ese caso y con otros casos. Después de a poco van teniendo lo que se llama conductas adaptativas y van corriendo las reglas y los límites un poco más allá, haciendo cosas que en situaciones diferentes no harían. Para mí no, claramente no vale todo. Y bueno, tenés de todo. Los abogados que han denunciado cosas, funcionarios o jueces, la han pasado mal, no han tenido la menor solidaridad de sus colegas, el ambiente nuestro es muy injusto. Cuando hay un combate esperan a que termine el combate y se abrazan todos con el que ganó, no importa quién tiene razón, se abrazan con el que ganó.

M. Campolongo: -Bien. La pregunta que te quería hacer iba vinculada un poco a lo que mencionaste recién. En el libro vos hablas de distintas cuestiones de la estructura o del delineamiento del sistema judicial en la Argentina que posibilitan un montón de distintas variables del fórum shopping que explicás. Entre ellas hablas de la problemática del consejo de la magistratura como órgano que se supone vino a trasparentar los procesos de justicia y que, en muchos casos, no funciona a esos fines. También mencionás el problema de concentración de poder que existe en la esfera federal, con doce jueces que concentran una cuota importante de poder. Además, desarrollás los remedios procesales que existen contra el fórum shopping. La pregunta iba orientada a esto que decías ¿lo que posibilita todo esto es un problema de estructuras o de personas en el funcionamiento de esa estructura? En relación a esa respuesta ¿a cuál de estas dos variables vos le asignas mayor porcentaje de incidencia en el problema?

P. Slonimsqui: -No es una pregunta menor. Si el problema es...

M. Campolongo: -Las personas o la estructura.

P. Slonimsqui: -Mira, el otro día lo vi a Rusconi y contó que esa era una discusión que él llamaba ancestral, pero que era la discusión de fondo en las universidades. Si el problema estaba en los operadores del sistema o en el sistema en sí mismo. Si esto se arreglaba cambiando a los operadores o cambiando el sistema. Yo creo que las maniobras del fórum shopping o de manipulación tienen que ver con las personas, no con el sistema, pero a la vez vos también tenés que preparar el sistema para evitar no solo manipulaciones o trapisondas, que es donde yo enfoco el libro, si no también estructurarlo para que haya una administración de justicia más dinámica y moderna. Es un problema distinto al del fórum shopping. Yo creo que vos tenés que cambiar el sistema, no para evitar las trapisondas que describo yo, si no para modernizar y dar mejores respuestas. Entonces, desde esa perspectiva, para mí el problema son los códigos vetustos, la equivocada aplicación de recursos, el mantenimiento de conductas prohibidas que son completamente ridículas. Y ahora, respecto de lo que es la manipulación, me parece que el problema es la gente, son los jueces, y que con cualquier sistema que tengas, si vos vas a nombrar a jueces y ya llegan a su cargo habiendo entregado la poca cuota de independencia que podrían tener como condición sine qua non parar que los nombres, a partir de ahí ya no podes esperar nada. Lo mismo pasa con los fiscales. Desde la perspectiva de mi trabajo me parece que es un problema de las personas. Esa sería la respuesta.

A. Larroude: -Yo tengo una pregunta a partir de esto último que decías. ¿Pensás que se ha agudizado, de alguna forma, la politización de la justicia y, en este caso, el fórum shopping es como un instrumento casi al servicio de esa politización, o pensás que existe una falla estructural directamente en el armado judicial?

P. Slonimsqui: -La justicia en el último tiempo tiene mucha más incidencia que antes en los procesos políticos. En Argentina no hay ninguna tradición, salvo casos muy excepcionales, de investigar al poder en tiempo real. Eso pasó siempre, con todos los gobiernos. La novedad ahora es que hay una virulencia y un hostigamiento mayor, hay un abuso a las prisiones preventivas. Antes cuando había un problema se limitaba las imputaciones a los referentes de las áreas, ahora se cita a declarar a cuerpos enteros de trabajo, lo que para mí tiene un efecto pernicioso con lo que se conoce como cuadros políticos, como la militancia, hay un montón de gente llevada a Tribunales. Se siguie un modelo de imputación que antes no se utilizaba. Ahora se llevan a Tribunales actos de gobierno, actos que claramente están afuera del radar de la ecuación penal. Hay también un hostigamiento para los jueces y para los fiscales que no ensamblan en la idea general de este gobierno. Se ve una actuación coordinada de distintas instancias judiciales que debieran caracterizarse por su independencia y por tener intervenciones en momentos distintos, y se ve claramente que hay toda una actividad que podríamos llamar “pre convenida”. Y también lo que estamos viendo ahora es una designación a dedo, o se están cubriendo de forma discrecional y arbitraria bastantes claves, sobre todo en la justicia federal. Me parece que la justicia tiene una incidencia mucho mayor en los temas políticos, también a nivel continental. Lo que se conoce como “lawfare” -yo no soy un experto en los procesos ni en Brasil, ni en Ecuador, ni nada- pero a mí me parece que hay que hacer procesos judiciales trasparentes para investigar hechos graves de corrupción que parecieran ser que ocurrieron en el gobierno anterior, y nadie está pensando en esa transparencia. Tenían la incapacidad de enfrentar esa tarea con funcionarios idóneos y con juicios en los que creamos todos. Así como están estos juicios nadie va a creer en la inocencia ni en la culpabilidad de ningún funcionario, porque ya es casi una lectura emocional. Uno está de acuerdo con un fallo cuando la persona que le cae simpática sale beneficiada, y cuando no, uno se enoja con absoluta independencia de lo que hubiera correspondido decidir. Ya los argumentos no le importan a nadie.

M. Campolongo: -En relación a eso en el libro también mencionaste como una problemática el hecho de torcer en el proceso judicial el factor de azar que determina qué juez va a intervenir. Y de hecho vos en un momento mencionas la cuestión de la auditoria que ordena Servini de Cubría sobre el sistema de asignación de causas. Creo que estaría bueno que nos cuentes un poco sobre el tema.

P. Slominsqui: -Es que el principio del juez imparcial es la piedra fundacional de cualquier proceso penal. El juez, más en nuestro sistema, tiene un centro de poder muy importante en los procesos judiciales, es el que decide qué medidas de prueba se hacen, cuando se hacen, a que testigos se escucha, que se le pregunta a los testigos, si se hace un allanamiento, cuando se hace, si se detienen personas, quien queda preso y quién no. Tiene un poder decisorio que determina todo proceso judicial, porque después de eso es muy difícil enderezar o darle un nuevo curso a un proceso que empezó de esta manera. Entonces, la figura del juez imparcial tiene una importancia por arriba de cualquier discusión. Si no tenés un proceso de estas características todo lo que viene después carece de seriedad, es un producto poco elaborado. Ninguna conclusión seria puede salir de un proceso que arranca en infracción al principio del juez imparcial. Y dentro de todas las maniobras que hay de fórum shopping, hay una realidad con la que convivimos que es inaceptable, la firme sospecha que la máquina que sortea las denuncias judiciales puede ser alterada o modificada. Hay un peritaje que se hizo en una actuación judicial con intervención de gabinetes técnicos inopinables, intervino gente de la Policía de la Ciudad, intervino gente de la universidad, cuadros técnicos de la AFIP, y dieron explicaciones que no cuesta entender. Es muy claro.
Establecieron que las máquinas se pueden manipular, que cualquiera puede entrar desde un sistema remoto, que se pueden alterar datos y no queda registro de quién los altera.
Entonces, si vos partís del supuesto, ya no de que el fórum shopping puede ser un hecho aislado o la picardía de un abogado, sino que es una práctica institucionalizada… tenés que demoler el palacio de Tribunales. No se puede coexistir con esa duda. Hasta ahora las conclusiones judiciales hacen que vivamos con la certeza de que los sorteos se pueden manipular.
Cuando llegó al fuero federal el expediente por la muerte del fiscal Nisman, se vivió una situación descalificadora para la Justicia, se hizo el sorteo del expediente y fue al Juzgado del Dr. Casanello. Inmediatamente la máquina cantó “error”, se trabó todo, tuvieron que resetear, volvieron a sortear y después tocó el Juzgado del Dr. Ercolini. Yo los conozco a los dos, los dos me merecen toda la confianza y todo mi respeto, pero es evidente que no es lo mismo que para ese expediente intervenga el Dr. Casanello o el Dr. Ercolini. Si vos tenés la certeza de que la máquina que sortea no va a dar resultados por azar, todo lo que viene después es cuestionable.

A. Larroude: - A partir de esto último yo tengo dos preguntas más. Una tiene que ver con el control sobre la justicia federal, principalmente sobre jueces y por qué no sobre fiscales. Quien lo ha planteado es Alberto Binder, que es uno de los impulsores de la democratización en los sistemas de justicia. ¿Pensás que es una idea que puede funcionar? ¿Pensás que es una idea que queda ahí, en la noche de los tiempos? ¿Es algo que realmente se necesita no solamente el sistema de justicia para ser más justo, valga la redundancia, sino también lo que necesita la gente para evitar todos estos cuestionamientos que venimos hablando?

P. Slonimsqui: -Es que el control de la actividad de los jueces y fiscales federales no es un tema fácil porque la cuestión numérica o la cuestión estadística a mí no me dice nada…siempre que se los quiso controlar tanto en este gobierno como en el anterior, fue para impresionarnos. El gobierno anterior quería establecer una suerte de revisión permanente para ver si los funcionarios mantenían su nivel y estaban bien nombrados, si podían seguir en el cargo tanto por razones que tienen que ver con su formación como por razones de salud. Esto lo habían hecho a propósito en el caso Fayt.
Después, este gobierno quiso hacer una auditoría, para ver cuántas causas tramitaban y la verdad es que ambos casos eran para presionar, eran una herramienta de presión.
Dicho esto, si, me parece que hay que controlarlo con algún método que no sea perverso, pero igual lo que está claro que no puede estar todo el poder concentrado en tan pocas personas. Doce personas son fáciles de controlar, son fáciles de dominar, son fáciles de amenazar, son fáciles de comprar. Mientras tengas todo el poder concentrado en doce personas, difícilmente puedas esperar algo bueno, aún cuando lo controles y hagas auditorias y vengan científicos de la N.A.S.A...

A. Larroude: -La última es: ¿hacia dónde vamos en el sistema de justicia? Vos exhibís en el libro una problemática general, tanto en el acceso a la justicia como también en la resolución de fallos, pero también es cierto que en ell sistema judicial o en el sistema político criminal, no hay grandes ofertas de cambios o de revisión exhaustiva como para modificar este sistema. La pregunta sería ¿hacia donde pensás que vamos? y ¿pensás que existe alguna inquietud por parte de la política de transparentar eso? Porque en definitiva, también me pongo a pensar ¿Si depende el gobierno de turno, no conviene este sistema, el del fórum shopping, para esos momentos o conviene modificarlo?

P. Slonimsqui: -Vamos hacia el fracaso más absoluto de la actividad judicial entendida como lo que debiera ser… Una justicia puesta al servicio de la gente, de los ciudadanos, limitando el poder y protegiéndonos a todos de arbitrariedades.
Todos los gobiernos son cortoplacistas. El gobierno que llega, lejos de querer modificar alguna cuestión esencial, se limita a acomodarse, a garantizarse que su estadía en el poder no va a tener molestias innecesarias. Los jueces están muy cómodos, tienen todo tipo de prebendas personales, familiares, tienen un status quo que no les interesa cambiar. Lo mismo los fiscales. Soy súper pesimista. A los empleados judiciales les falta rebeldía…las instituciones sindicales si bien en algunos casos son combativas me parece que no tienen adhesión. Tengo la sensación de que las familias judiciales inundaron de empleados burgueses, empleados cómodos, empleados que están en una zona de confort, todas las estructuras judiciales. Y la realidad es que la actitud combativa está muy esparcida. Me parece que con algunas excepciones aisladas, es un poder que no llega estar a la altura de sí mismo. No hay ninguna duda de que el poder judicial nunca pudo merecer el respeto institucional que tiene el poder ejecutivo y el poder legislativo. A mí me parece que va a seguir así....

M. Campolongo: -La última. Saliendo del libro y yendo a la respuesta que diste sobre que el problema está en las personas, hablando ya como estudiante de derecho –en el caso mío en la U.B.A- Yo creo que el principal problema que tienen las instituciones educativas –que forman a los futuros operadores jurídicos- es que pueden medir las cualidades en términos académicos pero no en términos humanos o morales. ¿Qué te parece que habría que modificar desde ese lugar para garantizar justamente un cambio en los operadores de justicia, en cuanto a su forma de ser y a todos estos problemas que vos identificás?

P. Slonimsqui: -La carrera de derecho es muy particular porque es una carrera que exige poco compromiso académico. Los profesores, por lo general, por lo menos en la universidad pública, son profesores a tiempo completo. Generalmente son profesionales, son abogados, que se hacen un tiempo o tienen un amor sincero, una pasión sincera por las cuestiones académicas. Pero son tipos que se hacen un rato, excelentes profesores y los alumnos lo mismo. Hay un número muy pequeño de gente que investiga más allá de lo que le piden, que se suma al trabajo de las cátedras y a lo que se conoce como la academia propiamente dicha. La mayoría de estudiantes, va dos veces por semana y tres horas al día. Entonces, es la carrear que menos compromiso físico exige, de presencia. Eso por un lado. Por otro lado, la forma en la que está delineado tanto el ingreso a la magistratura en sí mismo, como en los tribunales, garantiza que la gente que puede promover un cambio se quede afuera con la ñata contra el vidrio. Entrar a tribunales sigue siendo ahora una prebenda familiar. Para entrar a tribunales hay que tener un padrino, hay que tener un acomodo. La única expresión política que fue contra esto fue justicia legítima. Lo mismo para ser juez… no llegas a juez con el Clarín abajo del brazo –bah, por ahí con el Clarín sí-Pero no llegas con los clasificados abajo del brazo. Llegas domesticado, entrás domesticado, de pinche. Después si querés ser Fiscal , Defensor oficial o Juez salvo que seas un referente muy importante, un tipo con pergaminos que nadie pueda discutir… si estás dentro de la media, donde estamos todos, tenés que prometer portarte bien y pasar por la mano. Difícilmente te nombran, hay muy poca posibilidad de cambio, de rebeldía, de revolución…